Carla Alegría Vásquez: ¿Y ahora qué?
“Nos levantamos el sábado con una información que remeció el tablero geopolítico. Rumores, versiones cruzadas, análisis de expertos y cadenas de WhatsApp hablaban de operaciones militares, de movimientos inusuales, de un eventual traslado de Nicolás Maduro para enfrentar procesos judiciales en Estados Unidos. Durante el día nos enteramos que el 2 de enero el presidente estadounidense dio el vamos a esta operation. Desde 20 bases, fueron más de 150 aeronaves partieron rumbo a Caracas. Para la medianoche, ya se daba por hecho —con paso lento de observa a Maduro caminando esposado en suelo americano— con un avión a sus espaldas y, con un contingente importante de efectivos, en movimiento. Ver estás imágenes no puede sino preocuparnos. Todo demasiado rápido. Todo demasiado tenso”, relata en su columna de opinión la cientista política.
Por Carla Alegría Vásquez (cientista política)
Linares podría pensar que lo que ocurre en Venezuela es un asunto lejano. Que pasa en otro país, en otra realidad, en otro tablero. Pero lo cierto es que lo que se mueve en los próximos días no solo interpela a Venezuela: le debería importar al Maule, a Chile, a la región y al mundo.
Nos levantamos el sábado con una información que remeció el tablero geopolítico. Rumores, versiones cruzadas, análisis de expertos y cadenas de WhatsApp hablaban de operaciones militares, de movimientos inusuales, de un eventual traslado de Nicolás Maduro para enfrentar procesos judiciales en Estados Unidos. Durante el día nos enteramos que el 2 de enero el presidente estadounidense dio el vamos a esta operación. Desde 20 bases, fueron más de 150 aeronaves partieron rumbo a Caracas. Para la medianoche, ya se daba por hecho —con paso lento de observa a Maduro caminando esposado en suelo americano— con un avión a sus espaldas y, con un contingente importante de efectivos, en movimiento. Ver estás imágenes no puede sino preocuparnos. Todo demasiado rápido. Todo demasiado tenso-
El escenario parecía sacado de Los Juegos del Hambre: poder concentrado, decisiones tomadas lejos de la ciudadanía, operaciones que no pasan por organismos multilaterales visibles, y una población expectante, atrapada entre el miedo y la esperanza. Y ahí surge la pregunta incómoda:
¿por qué y cómo Estados Unidos, con un mandato presidencial, puede ejecutar una operación de esta magnitud fuera de su territorio?
¿Dónde quedan la diplomacia, el derecho internacional, la soberanía de los Estados?
Mientras tanto, Venezuela reaccionaba como lo hacen los países cuando sienten que algo se rompe: compras desesperadas de gasolina, alimentos, medicamentos. El caos no siempre llega con tanques; muchas veces llega con filas, con estantes vacíos, con llamadas que no se contestan.
Este no es un fenómeno aislado. El mundo entero está en tensión. Rusia y Ucrania siguen siendo una herida abierta. China observa con paciencia estratégica a Taiwán. Estados Unidos mira el Caribe con un interés que no es solo económico, sino también militar. América Latina vuelve a ser tablero, no jugador.
En ese contexto, no pasó inadvertido el discurso de apoyo del presidente argentino, Javier Milei. Un respaldo ideológico que se alinea con una lectura del mundo en bloques, en bandos, en amigos y enemigos. Pero la realidad —como siempre— es menos simple que un tuit o una declaración altisonante.
En Chile, las reacciones no se hicieron esperar. Se manifestaron ambos lados. Venezolanos que salieron del país molestos, cansados, perseguidos, buscando asilo. Algunos hoy se muestran esperanzados, otros profundamente preocupados. Pero hay un cansancio evidente. Un desgaste. Porque no es la primera vez que se habla de una salida. Porque ya hubo intentos diplomáticos. Porque las elecciones fraudulentas ya fueron denunciadas. Y porque cada oportunidad fallida erosiona la fe en los derechos humanos como herramienta real de transformación.
No es fácil “ponerse de un lado”. No cuando las potencias juegan su propio juego. No cuando la democracia se invoca selectivamente. No cuando la defensa de los derechos humanos aparece y desaparece según la conveniencia estratégica.
Y entonces volvemos al título.
¿Y ahora qué?
Ahora incertidumbre.
Ahora prudencia.
Ahora más preguntas que respuestas. Pero también ahora memoria. Porque no podemos normalizar que el destino de pueblos enteros se decida entre rumores, operaciones encubiertas y comunicados ambiguos. Porque, aunque Linares quede lejos de Caracas, lo que se define ahí también habla del mundo que habitamos y del lugar que ocupamos en él.
La historia no avisa cuando gira. Solo gira.
Y nos encuentra, otra vez, preguntándonos qué hacer después.
(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).