Farmacias comunitarias: una respuesta local frente al abuso del mercado farmacéutico
"Las farmacias comunitarias surgieron en Chile como una de las respuestas más concretas y valoradas frente a uno de los problemas más graves del sistema de salud: el alto precio de los medicamentos. Su origen no puede entenderse sin considerar el profundo malestar ciudadano generado por los abusos cometidos por las grandes cadenas farmacéuticas, particularmente tras el escándalo de colusión que golpeó al país y que evidenció cómo el acceso a tratamientos esenciales podía quedar subordinado únicamente a la lógica del negocio. Fue en ese contexto que diversos municipios comenzaron a impulsar un modelo distinto: farmacias impulsadas desde los gobiernos locales, con foco social y sin fines de lucro. La experiencia pionera fue desarrollada por la Municipalidad de Recoleta bajo la administración de Daniel Jadue, convirtiéndose rápidamente en una iniciativa replicada en decenas de comunas del país. Más que una innovación administrativa, las farmacias comunitarias representaron un cuestionamiento directo a la mercantilización de la salud. Linares, nuestra comuna no fue ajena a esta necesidad y ante el clamor ciudadano el gobierno comunal se suma a esta estrategia que busca entregar mayor bienestar a la población. A la fecha somos más de 40 mil los usuarios inscritos en este servicio que otorga nuestra municipalidad, que con altibajos ha logrado ofrecer alternativas ante los altos costos de los medicamentos", expresa el concejal Lenin Fuentes Barros
Por Lenin Fuentes Barros (trabajador social y concejal por la Municipalidad de Linares)
Las farmacias comunitarias surgieron en Chile como una de las respuestas más concretas y valoradas frente a uno de los problemas más graves del sistema de salud: el alto precio de los medicamentos. Su origen no puede entenderse sin considerar el profundo malestar ciudadano generado por los abusos cometidos por las grandes cadenas farmacéuticas, particularmente tras el escándalo de colusión que golpeó al país y que evidenció cómo el acceso a tratamientos esenciales podía quedar subordinado únicamente a la lógica del negocio.
Fue en ese contexto que diversos municipios comenzaron a impulsar un modelo distinto: farmacias impulsadas desde los gobiernos locales, con foco social y sin fines de lucro. La experiencia pionera fue desarrollada por la Municipalidad de Recoleta bajo la administración de Daniel Jadue, convirtiéndose rápidamente en una iniciativa replicada en decenas de comunas del país. Más que una innovación administrativa, las farmacias comunitarias representaron un cuestionamiento directo a la mercantilización de la salud.
Linares, nuestra comuna no fue ajena a esta necesidad y ante el clamor ciudadano el gobierno comunal se suma a esta estrategia que busca entregar mayor bienestar a la población. A la fecha somos más de 40 mil los usuarios inscritos en este servicio que otorga nuestra municipalidad, que con altibajos ha logrado ofrecer alternativas ante los altos costos de los medicamentos.
Recientemente el concejo municipal aprobó un contrato de suministros que busca garantizar el stock de medicamentos necesarios para satisfacer la necesidad de la población. Esto es una buena noticia para la comunidad después de varios meses sin medicamentos para un número significativo de usuarios.
Lo sucedido en estos meses y la falta de medicamentos obliga a una revisión de los procedimientos administrativos para el oportuno abastecimiento. Es impresentable e incomprensible que un proceso de compras pueda demorar casi un año. Para que esto no vuelva a ocurrir, se deben tomar las medidas administrativas correspondientes y que todos los involucrados comprendan el fin de esta estrategia para ayudar a la población a paliar en parte el oneroso costo de la salud en Chile.
El principio detrás de las farmacias comunitarias es simple y profundamente transformador al utilizar la capacidad de compra pública para adquirir medicamentos a precios mucho más bajos y ofrecerlos a la comunidad con márgenes mínimos, permitiendo reducir drásticamente el gasto de bolsillo de las familias. Para miles de personas, especialmente adultos mayores, pacientes crónicos y sectores de menores ingresos, esto significa acceder incluso por primera vez a tratamientos continuos sin tener que elegir entre comprar remedios o cubrir otras necesidades básicas. Aquí la gravedad de la falta de abastecimiento. A un enfermo crónico y de bajos ingresos no se le puede obligar a interrumpir su tratamiento por debilidades administrativas del servicio que ofrece el municipio.
Considerando los años que ya llevan las farmacias comunitarias en gran parte del país (cerca de 300 comunas en Chile cuentan con este servicio), los efectos sociales han sido evidentes. En primer lugar, permitieron democratizar el acceso a medicamentos esenciales, disminuyendo desigualdades territoriales y económicas. En muchas comunas, vecinos que antes abandonaban tratamientos por razones económicas pudieron retomarlos, mejorando su calidad de vida y evitando complicaciones de salud más graves y costosas para el propio sistema sanitario.
En segundo término, las farmacias comunitarias ayudaron a transparentar el verdadero costo de los medicamentos. La enorme diferencia entre los precios ofrecidos por estas iniciativas y los valores del mercado privado dejó en evidencia los amplios márgenes de ganancia existentes en la industria farmacéutica. Esto, mantiene vigente el debate sobre el rol del Estado en la regulación del mercado de medicamentos y sobre el acceso a la salud como derecho social.
Otro aspecto relevante ha sido el fortalecimiento del rol municipal en políticas públicas. Las farmacias comunitarias demostraron que los municipios no solo pueden administrar servicios básicos, sino también impulsar iniciativas innovadoras que impacten directamente en la vida cotidiana de las personas.
(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).
Debemos trabajar para lograr una administración financiera municipal sana, robusta y comprometida con el bienestar de la gente, donde el centro de atención este puesto en quien más lo necesita y no gastar los recursos (siempre escasos) en acciones superfluas o efectistas que bien lejos están de satisfacer las urgencias prioritarias de quienes habitamos esta hermosa comuna llamada Linares.
En un país donde el acceso oportuno a tratamientos sigue siendo una preocupación permanente, las farmacias comunitarias aparecen como una experiencia que trasciende la gestión local: representan la idea de que el Estado y las comunidades organizadas pueden intervenir para proteger derechos esenciales y poner la dignidad de las personas por sobre el lucro.