Pablo Palma Soza: vuelta a clases
“En niños, niñas y adolescentes, esta afectación puede ser más pronunciada, ya que se pasa de una rutina de descanso a una de trabajo más ajetreado. Por ello, la sugerencia —al igual que para las personas adultas— es tomárselo con calma, no retomar todas las actividades de golpe e intentar avanzar lo más gradualmente posible. Al menos durante las primeras dos semanas nos costará retomar el ritmo habitual. Esto incluye no exigirles, ni exigirse, un rendimiento máximo al comienzo y comprender que el proceso de adaptación toma tiempo. En consecuencia, también es importante ajustar las expectativas respecto de lo que se pueda lograr durante las primeras semanas de retorno”, plantea el académico de la UA sede Talca
Por Pablo Palma Soza ( director de la carrera de Psicología de la Universidad Autónoma sede Talca)
El regreso a clases es un evento que nos acompaña cada año durante gran parte de nuestra vida y que cobra especial relevancia cuando se trata de personas a nuestro cargo o cercanas, que vuelven a atravesar este proceso. En primer término, el retorno a clases implica un cambio de rutina y, como todo cambio, puede generar cierta incomodidad y una afectación menor en nuestro funcionamiento diario.
En niños, niñas y adolescentes, esta afectación puede ser más pronunciada, ya que se pasa de una rutina de descanso a una de trabajo más ajetreado. Por ello, la sugerencia —al igual que para las personas adultas— es tomárselo con calma, no retomar todas las actividades de golpe e intentar avanzar lo más gradualmente posible. Al menos durante las primeras dos semanas nos costará retomar el ritmo habitual. Esto incluye no exigirles, ni exigirse, un rendimiento máximo al comienzo y comprender que el proceso de adaptación toma tiempo. En consecuencia, también es importante ajustar las expectativas respecto de lo que se pueda lograr durante las primeras semanas de retorno.
El tema de las expectativas es uno de los factores que más puede generar dificultades de adaptación, especialmente cuando estas son muy altas y se espera un rendimiento inmediato. En el caso de los niños y niñas, resulta relevante preparar el regreso con al menos una semana de anticipación, anunciándolo y ajustando progresivamente los hábitos de sueño, como la hora de acostarse y levantarse. Asimismo, es positivo hacerlos partícipes de la preparación para el retorno y reforzar la importancia del estudio, sin dejar de considerar el descanso, el cual —aunque en menor medida— seguirá siendo necesario durante el año.
Lo fundamental es evitar generar una afectación mayor a la que naturalmente produce el cambio de rutina. En especial cuando las vacaciones nos han permitido realizar actividades que habitualmente no podemos, tendemos a idealizarlas y añorarlas, lo que dificulta dar el paso de regreso a la rutina, o a lo que comúnmente llamamos “la realidad”, que ocupa la mayor parte de nuestro año.
El retorno a clases es un proceso normativo y no debiera generar ningún tipo de trauma ni una afectación que requiera ayuda especializada. Debiera entenderse, más bien, como un proceso adaptativo en el que es clave bajar las expectativas y acompañar de manera cercana a nuestros hijos e hijas.