La columna de opinión de César Concha Gatica: Mucho Más Que Noventa Minutos
"Este sábado hice algo que, aunque parezca extraño, nunca había hecho. Fui por primera vez al estadio a presenciar un partido de fútbol profesional. Y qué mejor que vivir esa experiencia en mi propia ciudad, acompañando a Deportes Linares. El resultado fue un empate a un gol. Nos quedamos con las ganas de celebrar un triunfo, pero me fui con una sensación que no esperaba: haber descubierto un espacio de encuentro que quizás no había valorado lo suficiente. Desde la entrada de los jugadores a la cancha, acompañados por niños, hasta los cánticos de la hinchada, todo tenía algo especial. Había entusiasmo, nerviosismo y esa esperanza que parece renovarse cada vez que comienza un partido. Pero lo que más me llamó la atención no ocurrió precisamente dentro de la cancha. Fue mirar las tribunas. Había familias, adultos mayores, jóvenes y niños. Algunos seguramente llevan décadas siguiendo al equipo. Otros, como yo, estaban viviendo una experiencia nueva. Todos compartiendo un mismo lugar, alentando una misma camiseta y esperando que la pelota entrara al arco contrario. Y pensé en lo importante que son estos espacios para una ciudad. Vivimos tiempos en que muchas veces pareciera que tenemos más cosas que nos separan que aquellas que nos unen. Las diferencias políticas, las preocupaciones económicas, las dificultades del trabajo y el ritmo de la vida cotidiana nos van alejando de esos momentos sencillos en que podemos encontrarnos como comunidad", expresa el abogado y ex SEREMI de Bienes Nacionales de la Región del Maule, César Concha Gatica
Por César Concha Gatica (abogado y ex SEREMI de Bienes Nacionales de la Región del Maule)
Este sábado hice algo que, aunque parezca extraño, nunca había hecho. Fui por primera vez al estadio a presenciar un partido de fútbol profesional. Y qué mejor que vivir esa experiencia en mi propia ciudad, acompañando a Deportes Linares.
El resultado fue un empate a un gol. Nos quedamos con las ganas de celebrar un triunfo, pero me fui con una sensación que no esperaba: haber descubierto un espacio de encuentro que quizás no había valorado lo suficiente.
Desde la entrada de los jugadores a la cancha, acompañados por niños, hasta los cánticos de la hinchada, todo tenía algo especial. Había entusiasmo, nerviosismo y esa esperanza que parece renovarse cada vez que comienza un partido.
Pero lo que más me llamó la atención no ocurrió precisamente dentro de la cancha. Fue mirar las tribunas.
Había familias, adultos mayores, jóvenes y niños. Algunos seguramente llevan décadas siguiendo al equipo. Otros, como yo, estaban viviendo una experiencia nueva. Todos compartiendo un mismo lugar, alentando una misma camiseta y esperando que la pelota entrara al arco contrario.
Y pensé en lo importante que son estos espacios para una ciudad.
Vivimos tiempos en que muchas veces pareciera que tenemos más cosas que nos separan que aquellas que nos unen. Las diferencias políticas, las preocupaciones económicas, las dificultades del trabajo y el ritmo de la vida cotidiana nos van alejando de esos momentos sencillos en que podemos encontrarnos como comunidad.
Sin embargo, en una tribuna esas diferencias pierden importancia. Nadie pregunta por quién vota el que está al lado, a qué se dedica o cuánto gana. Simplemente se comparte una emoción.
El fútbol tiene esa capacidad extraordinaria de reunir a personas que probablemente nunca se habrían conocido en otro lugar. Y en ciudades como Linares, aquello tiene un significado especial.
Porque Deportes Linares no es solamente un equipo que disputa un campeonato. Es parte de nuestra historia, de nuestros recuerdos y de esa identidad que se construye con pequeñas y grandes experiencias compartidas.
También pensé en los niños que entraron a la cancha acompañando a los jugadores. Quizás para algunos fue solamente un momento entretenido. Para otros, probablemente será un recuerdo que conservarán durante muchos años. Y quién sabe si entre ellos estará algún futuro jugador que un día defienda los colores de nuestra ciudad.
Por eso, cuando hablamos de apoyar el deporte, no deberíamos pensar únicamente en resultados, infraestructura o competencias. También debemos comprender su enorme capacidad para construir comunidad, generar pertenencia y ofrecer oportunidades a las nuevas generaciones.
Una ciudad no es solamente el lugar donde vivimos. También es aquello que compartimos, las emociones que nos unen y los recuerdos que construimos juntos.
El sábado Deportes Linares empató 1-1. Algunos se fueron conformes, otros seguramente esperaban más. Yo me fui con una certeza: hay lugares donde una ciudad se encuentra consigo misma, y el estadio es uno de ellos.
Porque una ciudad no se construye solamente con calles, edificios y obras. También se construye con recuerdos, emociones y espacios que nos hacen sentir parte de algo común.
Quizás me demoré demasiado en ir por primera vez al estadio. Pero ahora entiendo por qué tantos linarenses vuelven cada fin de semana.
Por eso, quiero terminar con una invitación: a quienes hace tiempo no van al estadio, y especialmente a quienes nunca han ido, dense la oportunidad de vivir esta experiencia. Vayan en familia, con amigos o simplemente con las ganas de alentar. Acompañemos a Deportes Linares, compartamos sus alegrías y también sus momentos difíciles. Porque cada persona que llega a la tribuna no solo está apoyando a un equipo, también está ayudando a mantener viva una parte de nuestra identidad.
Nos vemos en el estadio. ¡Vamos, Deportes Linares!