Domo de calor en Europa: ¿Podría ocurrir en Chile?
Patricio González Colville, agroclimatólogo de la Universidad de Talca, explicó que el fenómeno responde a una cúpula de altas presiones que atrapa aire cálido sobre ese continente. Aunque Chile no enfrentaría un episodio como el de Europa, advirtió que la zona central sí puede registrar olas de calor con máximas extremas, durante el verano, como ocurrió en enero y febrero de 2024
Fuente: Comunicaciones UTalca. Autor: septimapaginanoticias.cl
Un domo de calor ocurre cuando una zona de altas presiones actúa como una especie de tapa atmosférica que evita que el aire caliente se disperse, lo comprime hacia la superficie y mantiene las temperaturas elevadas durante varios días. Ese fenómeno es el que explica la extensa ola de calor que afecta a Europa.
Así lo detalló el académico Patricio González Colville, del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (CITRA) de la Universidad de Talca, quien explicó que “esta cúpula de altas presiones, cálida, tiene como característica que el viento desciende sobre el continente, lo que aprisiona y eleva las temperaturas en gran parte de Europa”. Además, indicó que su origen se encuentra en África, específicamente en la zona del Sahara, desde donde se desplazó y se estacionó sobre el continente europeo.
Sin embargo, el especialista advirtió que el riesgo no está solo en las máximas extremas que se registran durante el día ya que cuando las temperaturas nocturnas no bajan lo suficiente, el cuerpo humano pierde capacidad de recuperarse, lo que aumenta el peligro para personas mayores, pacientes crónicos, niños y trabajadores expuestos al calor. A esto se suman ciudades y viviendas diseñadas para conservar temperatura durante inviernos fríos, no para disipar calor en episodios prolongados.
Según datos oficiales de EuroMOMO, red europea de monitoreo de mortalidad, la ola de calor de que azota al viejo continente estuvo asociada a más de 10.000 muertes durante la última semana de junio y más de 9.000 correspondieron a personas de 65 años o más, el grupo más vulnerable frente a estos eventos.
Al respecto, el académico precisó que los domos de calor no son fenómenos completamente nuevos, pero hoy se expresan con mayor intensidad “producto del cambio climático, ya que, de acuerdo con los modelos, esto ha contribuido a elevar las temperaturas entre 3 a 4 grados más que lo que ocurría en el siglo XX”, sostuvo.
EN CHILE
El académico comentó que un fenómeno comparable al europeo es poco probable, debido a la influencia del océano Pacífico y de la corriente fría de Humboldt, que regulan parte de las temperaturas en el país. “En Chile es muy difícil que podamos tener cúpulas de calor, porque nuestro continente es más oceánico que continental y Europa es todo lo contrario”, indicó el agroclimatólogo.
Sin embargo, eso no significa que Chile esté libre de eventos extremos. En la zona central, las olas de calor suelen asociarse a altas presiones cálidas y vientos de travesía que descienden desde la cordillera, especialmente en enero y febrero. En esos casos, las temperaturas pueden superar los 38 o 39 grados, aunque por lapsos más acotados.
“Nosotros tenemos afortunadamente una corriente fría, la de Humboldt, somos oceánicos, pero no por eso de repente algún viento de travesía, una alta presión en enero y febrero o el alza de la temperatura por el calentamiento global nos pueda generar un par de días sobre los 38 o 39 grados”, advirtió el especialista.
Desde el punto de vista agrícola, explicó el académico, estos episodios también representan un riesgo. “Temperaturas sobre los 33 o 34 grados pueden afectar negativamente procesos productivos en frutales, como la fotosíntesis y la calidad de la fruta, un aspecto relevante para regiones agrícolas como el Maule, además de elevar las tasas de evapotranspiración diarias, con lo cual aumentan los requerimientos de agua para riegos más frecuentes, en una situación climática en cada vez llueve menos”, precisó.
Por ello, el especialista llamó a monitorear las olas futuras de calor como señales de un escenario climático que exige estrategias de prevención como -por ejemplo- ir adaptando las actuales condiciones de vida en los centros urbanos junto con una planificación productiva del campo.