Casa Sarah, la tienda de Parral que cumplió 80 años, y su fórmula de lealtad laboral

Casa Sarah, la tienda de Parral que cumplió 80 años, y su fórmula de lealtad laboral

Historias de más de 50, 30 y varios años de servicio, amistades y matrimonios han permitido a Casa Sarah mantenerse vigente. La confianza, el trato cercano y las personas son parte de una fórmula que ha acompañado a la tradicional tienda durante ocho décadas


Por Fabiola Urra (periodista)

                              Sobrevivir 80 años en el comercio no es cuestión de suerte ni de estrategias pasajeras. En una época marcada por la inmediatez, las compras digitales y la expansión del retail, la permanencia de un negocio tradicional parece responder a una fórmula mucho más sencilla, pero difícil de replicar: las personas.

En Parral, Casa Sarah cumplió ocho décadas de historia apoyada precisamente en ese pilar. Tras sus mostradores han pasado personas que construyeron allí una parte importante de sus vidas. Algunos llegaron siendo adolescentes y permanecieron durante décadas; otros encontraron amistades, formaron familias y hoy siguen siendo parte de una historia que se entrelaza con la propia identidad de la comuna.

Más que una tienda, Casa Sarah se transformó con los años en un espacio de encuentro, confianza y relaciones que han trascendido el vínculo laboral. Una historia construida, en buena medida, por quienes han estado detrás del mostrador.

MEDIO SIGLO 

Guillermo René Araya Castro tenía 16 años cuando llegó a trabajar a Casa Sarah. Como tantos jóvenes que se enfrentan a su primer empleo, recuerda el nerviosismo de los primeros días y el temor a equivocarse, especialmente al momento de sacar cuentas.

Sin embargo, aquel temor inicial fue desapareciendo gracias al ambiente que encontró en la tienda. Lo que comenzó como una oportunidad laboral terminó convirtiéndose en una historia de casi medio siglo.

Desde su lugar de trabajo fue testigo de los cambios de Parral y de las transformaciones en las costumbres de sus habitantes. Entre sus recuerdos permanece la imagen de una ciudad distinta, donde el comercio tenía un ritmo más pausado y el contacto con los clientes era directo.

Recuerda, por ejemplo, cuando despachaba metros de “tocuyo” para la confección de camisas que usaban los campesinos. Eran años en que las telas y otros productos formaban parte de la vida cotidiana de las familias de la zona, y donde el comerciante conocía personalmente a buena parte de quienes cruzaban la puerta. “A mí me encantaba estar ahí porque los patrones eran muy buenos con nosotros”, reflexiona hoy Guillermo, resumiendo en pocas palabras una relación laboral que se extendió por cerca de 50 años.

Su historia es también la historia de una época. De clientes conocidos por su nombre, conversaciones que se extendían más allá de una compra y trabajadores que encontraban en el local un espacio donde permanecer.

HISTORIA DE VIDA

Para Praxedes Valverde Parada, llegar a Casa Sarah a los 18 años significó iniciar una etapa que se extendería durante tres décadas, tiempo suficiente para construir vínculos que marcarían su vida.

“El ambiente era muy familiar; de ahí saqué grandes amigos y a mi esposo. Él se enamoró de mí cuando me vio, pololeamos cinco años y después nos casamos”, cuenta entre risas.

Su historia refleja una dimensión pocas veces visible de los negocios tradicionales: la vida que ocurre mientras se trabaja. Las amistades que nacen en una jornada laboral, las relaciones que se construyen durante años y los momentos compartidos que terminan formando parte de la memoria personal.

MEMORIA

La historia laboral de Casa Sarah también está marcada por otros nombres que son recordados con especial cariño y gratitud por quienes forman parte de esta tradicional tienda parralina.

Uno de ellos es Joél Faúndez, cuya historia estuvo ligada a Casa Sarah prácticamente desde sus inicios y se extendió por más de 50 años. Una trayectoria excepcional que refleja la profunda relación que muchos trabajadores construyeron con el negocio y con las familias que, generación tras generación, dieron vida a la tienda.

También son recordados con especial cariño Gladys Navarrete, Juan Crisóstomo y René Moreno, quienes formaron parte de Casa Sarah durante la década de 1970. Cada uno estuvo ligado a la tienda durante períodos que fluctuaron entre cinco y diez años, dejando su propia huella en una etapa de cambios y crecimiento para el tradicional comercio de Parral.

EL RETAIL

La fórmula de Casa Sarah también ha sabido mantenerse vigente gracias a la capacidad de conservar un rasgo que hoy parece cada vez menos frecuente: la atención personalizada.

Waldo Fuentes lleva 30 años ligado a la tienda y actualmente se desempeña como encargado de compras. Desde esa experiencia conoce los cambios que ha vivido el comercio y también los desafíos que enfrentan los negocios tradicionales frente a las grandes cadenas.

Sin embargo, tiene claro dónde está la principal fortaleza del local. “Lo que nos caracteriza es la atención más personalizada que cualquier otra tienda o multitienda. La diferencia está en el conocimiento mutuo; en reconocer a los clientes, entender sus necesidades y mantener una relación que no termina al momento de pagar una compra”, comenta.

Esa cercanía se ha convertido en una especie de sello frente a la creciente impersonalidad del comercio moderno. Mientras las grandes tiendas buscan eficiencia y rapidez, en Casa Sarah todavía persiste una lógica basada en la conversación y la confianza.

HISTORIA COMUNAL

Cumplir 80 años no es un logro aislado. Para Emilio Sarah, nieto de los fundadores, la permanencia de Casa Sarah se explica también por el vínculo que la tienda ha mantenido con Parral, teniendo en cuenta la llegada de su abuelo desde Palestina, Emilio Sarah Rock, a principios del siglo XX.

“Es una historia comunal donde conocemos a nuestros clientes y ellos nos conocen a nosotros. Esa relación ha permitido que el negocio sea parte de la vida cotidiana de varias generaciones. Clientes que llegaron de niños junto a sus padres y que hoy continúan visitando el local; familias que han mantenido durante décadas la costumbre de comprar allí; y trabajadores que hicieron de la tienda una parte importante de su propia historia”, puntualiza Emilio.

Casa Sarah no ha existido de espaldas a Parral, sino como parte de su movimiento cotidiano, de sus cambios y de su memoria. En tiempos donde la lealtad laboral parece cada vez más difícil de encontrar y donde el comercio se mide muchas veces en cifras y resultados, las historias de Guillermo, Praxedes, Waldo, Joél, Gladys, Juan y René muestran otra forma de entender el éxito.

Una forma donde la permanencia no depende únicamente de lo que se vende, sino también de quienes atienden, de quienes regresan y de los vínculos que se construyen con el paso de los años.

Después de 80 años, Casa Sarah sigue siendo una tienda. Pero también es una colección de historias: jóvenes que llegaron a trabajar y se quedaron durante décadas; trabajadores que acompañaron la vida del negocio durante generaciones; amistades que se convirtieron en familia; matrimonios que comenzaron entre pasillos y clientes que siguen entrando porque, al otro lado del mostrador, todavía hay alguien que los conoce.