¿Salvar vidas… para qué?
"Vivimos en un tiempo extraño. La guerra vuelve a ser parte del paisaje informativo. Los precios suben y la incertidumbre económica se instala en la mesa de todos los hogares. En Chile, además, la política parece atrapada en su propio juego: gobierno y oposición en una disputa constante, mientras la ciudadanía observa, incrédula, esperando que —de alguna manera— las cosas funcionen. Se siente en la irritabilidad cotidiana, en la desconfianza, en la dificultad para proyectarse, en esa sensación persistente de que todo es demasiado. Y en medio de ese escenario, hablar de salud mental sigue siendo, muchas veces, una formalidad más que una prioridad real. Se menciona. Se incluye en discursos. Se incorpora como línea programática.Pero no se aborda con la urgencia que requiere cuando la vida, aun estando a salvo, comienza a perder sentido. Tal vez ahí está la contradicción más profunda de nuestro tiempo", expone la cientista política en su tradicional columna de los domingos en el Diario Digital Séptima Página Noticias
Por Carla Alegría Vásquez (cientista política)
Durante los últimos años, el mundo se organizó en torno a una consigna urgente: salvar vidas. Se cerraron ciudades, se detuvieron economías, se tomaron decisiones difíciles. Todo —literalmente todo— parecía justificarse bajo ese principio superior: que nadie muriera si podía evitarse. Y, sin embargo, hoy asoma una pregunta incómoda. De esas que no suelen decirse en voz alta. ¿Salvar vidas… para qué?
No es una provocación. Es una constatación dolorosa.
Porque mientras en lo público seguimos hablando de proteger la vida —con discursos, políticas, cifras y proyecciones—, en lo privado se instala otra realidad: personas cansadas, angustiadas, sobrepasadas. Personas que no necesariamente quieren morir, pero que tampoco encuentran razones claras para seguir viviendo con sentido.
Y eso debería estremecernos.
Vivimos en un tiempo extraño. La guerra vuelve a ser parte del paisaje informativo. Los precios suben y la incertidumbre económica se instala en la mesa de todos los hogares. En
Chile, además, la política parece atrapada en su propio juego: gobierno y oposición en una disputa constante, mientras la ciudadanía observa, incrédula, esperando que —de alguna manera— las cosas funcionen.
Pero no se trata solo de que funcionen. Se trata de cómo se vive en ese funcionamiento. Porque una sociedad puede seguir avanzando, crecer, incluso estabilizarse… y aun así estar profundamente herida en lo invisible. Hay un cansancio social que no siempre se mide. No aparece en los indicadores tradicionales. No se discute en los paneles políticos.
Pero está.
Se siente en la irritabilidad cotidiana, en la desconfianza, en la dificultad para proyectarse, en esa sensación persistente de que todo es demasiado. Y en medio de ese escenario, hablar de salud mental sigue siendo, muchas veces, una formalidad más que una prioridad real. Se menciona. Se incluye en discursos. Se incorpora como línea programática. Pero no se aborda con la urgencia que requiere cuando la vida, aun estando a salvo, comienza a perder sentido. Tal vez ahí está la contradicción más profunda de nuestro tiempo. Hemos aprendido —a la fuerza— a evitar la muerte. Pero no hemos aprendido a cuidar la vida en toda su dimensión.
No basta con que las personas estén vivas.Necesitan poder habitar su vida con dignidad, con esperanza, con algún horizonte que haga que levantarse cada día tenga sentido. Y eso no es solo una tarea individual. Es, profundamente, una responsabilidad colectiva.
También política.
Porque gobernar no es únicamente administrar recursos o gestionar crisis. Es, en parte, hacerse cargo del ánimo de un país. Entender que detrás de cada cifra hay personas que sienten, que se cansan, que dudan. Y que hoy, más que nunca, necesitan algo más que estabilidad.
Necesitan sentido.
Quizás ha llegado el momento de ampliar la pregunta.No solo cómo salvamos vidas. Sino para qué las estamos salvando. Porque en esa respuesta —incómoda, compleja, urgente— puede estar una de las claves más importantes para el tiempo que estamos viviendo.
(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).